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88 años en los que la pluma más ilustre de Colombia engalanó al municipio de Usiacurí

14 de enero de 2011

Acto de coronación del poeta Julio Flórez en el año 1923
Acto de coronación del poeta Julio Flórez en el año 1923

Ricardo Manotas, un niño usiacureño de 12 años de edad, es Julio Flórez. Ricardo actúa con solemnidad y en su rostro muestra los últimos momentos del poeta, un hombre sereno y a la vez cansado de una vida injusta y llena de contrariedades que fue embalsamada por la paz y el amor encontrado en el municipio de Usiacurí. Isaías Miranda es el Gobernador. Con paso lento la comitiva, conformada por otros niños y niñas de Usiacurí con sombreros y abanicos abren la pesada reja de entrada al museo y cruzan a su encuentro con Julio Flórez. Todo está dado y el momento cumbre ha llegado, Julio Flórez es coronado como Poeta Nacional. Un grupo de niñas usicureñas, con sobreros de la época, representan a las bellas damas barranquilleras que llenaron de regalos el lecho del aclamado bardo del pueblo. Julio Flórez toca el violín y la celebración rompe su solemnidad cuando un grupito de niños que pasaban por el museo le gritan al poeta, “que hable”, “que hable”, pero Petrona Moreno (Kelly Sandoval, 8 años) dice: “No, el poeta está muy enfermo”
El grupo de niños denominado “Amiguitos del Museo Julio Flórez” aplaude la excelente presentación y comentan que han aprendido como fue la coronación del personaje ilustre que vive en este bello municipio de Usiacurí. Al final Ricardo dice “es increíble que 88 años después, yo sea el poeta Julio Flórez”.

La coronación del Poeta Julio Flórez, fue todo un acontecimiento histórico para los moradores de este terruño, e incluso como narran las crónicas de este gran evento, para los moradores de las poblaciones aledañas, que vieron por vez primera correr por sus territorios los carros y buses de la apoteósica caravana organizada por el entonces gobernador del Atlántico el General Eparquio González, que partió de la ciudad de Barranquilla hacia Usiacurí, a rendirle el máximo tributo que se le hacía a un poeta en esos años, como era ser coronado Poeta Nacional.
Si, fue al bardo Julio Flórez, el cantor de las tristezas, de la nostalgia, del amor, de la muerte, el que con su pluma manifestaba sus contrariedades al régimen político de entonces, el que en las noches oscuras y frías de la antigua Bogotá organizaría con un grupo de amigos una de las tertulias literarias más importante que existió en nuestro país “La Gruta Simbólica”, cuando la nación se bañaba en sangre por la denominada y absurda “Guerra de los Mil Días”.
Pues este, ese reconocimiento hecho por el Gobierno Nacional, fue producto de su trabajo artístico que lo consagro en otras latitudes en donde sus obras fueron publicadas, por ejemplo; en Caracas “Cardos y Lirios” (1905), en San Salvador “Cesta de lotos” y “Manojos de Zarzas” (1906), en Madrid “Fronda Lirica” (1908) y Barcelona “Gotas de Ajenjo” (1909), el reconocimiento de las escuelas literarias como la de la Sociedad Científico Literario Cervantes de Quito que lo nombro “Socio honorario y colaborador” (1905), la Academia Literaria del Salvador, lo nombra académico correspondiente de Colombia (1905), y el Ateneo de Guatemala lo nombra “Socio Honorario” (1906). Y los muchos homenajes que se le hicieron en cada uno de los países en los que pudo estar y en las que sus obras lograron llegar, sobresaliendo la impresión de tarjetas postales en su honor en San José de Costa Rica (1906), apareció también en varia portadas de revista de literatura como “ La Locomotora” de Guatemala (1906), “La Quincena” Nº 79 de San Salvador (1906), en las revistas cubanas “El Fígaro” No 2 y “Cosmopolis” (1907) y “Nuevos Ritos” de Panamá (1909). Pues sin duda como lo afirma M. Pérez Silva “su firma fue acogida con gran honor en las mejores revistas literarias hispano-americana, pues sin disputa es uno de los tres mejores poetas contemporáneos de la América Latina”.
Julio Flórez, el bardo del pueblo, el hombre que con un lenguaje sencillo llego a estar entre las grandes fiestas literarias, dadas en Venezuela, Costa Rica, México, El Salvador, Guatemala, Cuba, e incluso España y Francia. Por fin, Colombia se rinde a sus pies el 14 de enero de 1923, todo un pueblo se reunió alrededor de uno los ruiseñores que hizo engrandecer el gran nombre de nuestra nación en cada uno de los países en donde posó sus pies para brindarles sus más hondos versos.
Según cuenta Alberto Miramón, el acto comenzó a las 11 a.m. la gente estaba agolpeada al frente de la casa y cuando fue descubierto el tablado llovieron flores sobre el estrado, cubriéndolo con una alfombra multicolor, el poeta emocionado permaneció estático, débil y casi ausente, la ceremonia comenzó con un discurso del Señor Gobernador, luego un silencio, donde se ciño en las sienes del poeta la corona enviada por el presidente de la república doctor Pedro Nel Ospina, la cual es de bronce, medidas 33cm x 33 cm x 8 cm y su peso estimado de 250 gramos, conformada por 34 pétalos y adornada con una cinta tricolor y con la siguiente inscripción: “Homenaje del Presidente de la República / a Julio Flórez en su Coronación / Enero 14 de 1923”.
En este acto se hicieron presente con sus óbolos literarios cuatro grandes poetas quienes le rindieron su tributo: Guillermo Valencia, Jorge Matéus, Lino Torregrosa y Francisco Villaespesa, quienes con versos expresaron sus afectos y admiración.
Así, hoy la Casa Museo Julio Flórez, rinde un homenaje a Flórez, con el más bello reconocimiento que involucra y enseña a los niños a participar de la historia haciéndolos protagonistas. Y así como Ricardo Manotas descubran el sencillo esplendor de la vida de Julio Flórez.

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